Cuento con base a el video
Soy un hombre parecido a cualquier otro, al menos en un aspecto físico pues gusto de otros placeres, como lo son la fotografía y la motocicleta, a través de ellos encuentro un estado de relajación increíble, además de que me hacen mantenerme económicamente, yo siempre deseé ser un fotógrafo de la naturaleza, de lo salvaje que esta representa, de lo puro que es antes de la intervención de hombre, aunque es curioso que esto haya destruido lo mejor de mi vida y al mismo tiempo haya salvado lo mejor de mi vida, agradeciendo la ayuda de mi compañero Miguel Omar Sánchez Hernández esta es mi historia de devoción.
Cierto día tomando fotografías en el parque de mi ciudad aproveché a tomar una de un árbol que me gusta mucho cuando de repente se atravesó una chica un poco distraída y con una prisa como si algo le obligara a llegar rápido a casa, ella se percató después de que tomé la foto que se había atravesado en el momento menos oportuno y se disculpó por ello, a mi no me pareció para tanto, es decir a mí me pareció muy atractiva la chica, sin más ella tomó su rumbo y yo el mío a revelar las fotografías en mi casa, aunque por alguna extraña razón no podía dejar de admirarle en una fotografía, como fue costumbre pensé que no la volvería a ver y la dejé ir.
A los pocos días me percaté de que necesitaba un corte de cabello, un nuevo look y decidí pasar por un barrio muy popular el cual nunca había visitado, donde mi hermano había comentado que habían abierto una nueva peluquería con cortes modernos, rápidamente me atendieron de pronto me entró un poco de jabón a los ojos adivinen mi sorpresa cuando me percaté de que era la misma chica que apenas hace unos días admiraba en una fotografía tomada por accidente, ella se disculpó y a lo cual respondí que no había problema pero debía retirarme pues se me hacía tarde no sin antes ser un poco cortés y presentarme, al llegar a casa me percaté de que había dejado mi gorro en su trabajo.
A los pocos días mi hermano llegó al estudio donde trabajo diciéndome que tenía una sorpresa, alguien cursaba la puerta, era la misma chica quien venía a entregarme ese gorro, en este punto me percaté de las pequeñas cosas que iban generando un lazo entre nosotros, pensando en todo esto decidí en invitarla a salir en ese momento y posar para unas fotografías que tenía pendientes.
Después de esto seguimos saliendo conociéndonos a tal punto de ella dejarme presentarle mi mundo que era la fotografía y las carreras de motocicleta, compartíamos momentos de felicidad muy importantes aunque también hubo unas pequeñas riñas por causa mía pero siempre salíamos adelante pues tratábamos de cumplir la promesa de que antes que nada lo importante era saber cuánto nos queríamos el uno al otro.
Desgraciadamente no todo es lo que parece pues, un desagradable error como lo fue dejar el ácido en un borde de un cajón hizo hacer perder la vista a la chica que amaba, rápidamente la llevé al hospital, aunque los doctores dijeron que todo esfuerzo sería en vano al menos que ella recibiera un trasplante de cornea, no bastaron las ideas aunque después de pensarlo un rato le dije a los doctores que tomaran las mías pues nada podía mejorar el mal que había causado.
Y ahora me encuentro con mi perro lazarillo platicando esto contigo aunque hace unos momentos me pareció que ella me hubiera dado esa fotografía que aún guardo de ella.